lunes, 13 de septiembre de 2010

HISTORIA DE LA ASTROLOGÍA

Con la aparición de las primeras comunidades agrícolas en la prehistoria se desarrolló el cálculo del tiempo, ya que este permitía el éxito de las cosechas y la oportunidad en la siembra. Por otro lado, cualquier fenómeno natural era atribuido a la intervención de los dioses, y es precisamente en este marco donde podríamos decir que surgen simultáneamente la Astrología y la Astronomía.

Es probable que la astrología occidental naciera en Mesopotamia. Las tablas planetarias más antiguas que se conocen datan de meditados del siglo VII ac. Aunque la antigua astrología babilónica no estaba orientada directamente al individuo. Se interesaba por grandes acontecimientos, como guerras, inundaciones y eclipses, y por su posible efecto sobre el rey, que encarnaba las asuntos del Estada y el bienestar de la colectividad.

La tradición Mesopotámica pudo haber pasado a Egipto y, a través de Oriente Medio, a la India, desde donde llegaría a China y al resto de Asia. Sin embargo es hacia el siglo IV ac, que los griegos comenzaran a reformular el saber astrológico en el contexto de sus propias tradiciones. Popularizaran un método de esclarecer el destino de los individuos partiendo del momento del nacimiento. También es por esta época que la astrología se individualiza, y empieza a ser usada por generales y políticos por ser estos los que podían pagar los servicios de un astrologo. Se atribuye a Ptolomeo (h. 90-168) el primer manual de astrología compilado en Occidente: el Tetrabiblos o Cuatripartitum. El modo como explicó y racionalizó los planetas, las casas y los signos del zodiaco ha variado poco desde entonces.

Tras la desintegración del Imperio Romano, los árabes se convirtieron en los máximos exponentes de la astrología y la astronomía. Para calcular sus horóscopos y otros mapas, necesitaban conocer con gran exactitud las posiciones de las estrellas y los movimientos de los planetas. Esto les llevó a dibujar tablas de movimientos planetarios, así como catálogos de estrellas, que mejoraban todo la hecho por los griegos.

Con el redescubrimiento de la tradición helénica en Europa, durante los siglos XV y XVI, la astrología pasó a ser una de las ciencias más importantes en las universidades europeas y vuelve a alcanzar un gran auge, volviéndose a desarrollar en las cortes y en movimientos políticos y militares. En España y concretamente en Salamanca existió una cátedra de Astrología hasta mediados del siglo XVIII.

A pesar de que la Astrología y la Astronomía nacen juntas, como decía antes, existen unas marcadas diferencias entre la una y la otra. La astronomía intenta establecer la existencia de un orden en los fenómenos celestes, mientras que la astrología es la que transforma este orden en una serie de símbolos interrelacionados de modo coherente, con la finalidad de ayudar a orientar el rumbo de los individuos y de las sociedades. Aunque a la hora de levantar una carta astral se conjugan las dos ciencias, ya que el acto de levantarla es totalmente astronómico y el de interpretarla o leerla es un acto astrológico.

Con todo esto podríamos decir que la Astrología es un tipo de conocimiento holístico que integra tanto el pensamiento de tipo lógico cómo el pensamiento de tipo analógico. Como tal conocimiento la astrología se dedica al estudio espacio/tiempo y aplica el conocimiento que obtiene de la observación del movimiento de los astros para adquirir una mayor comprensión del ser humano y de los fenómenos que acontecen en la Tierra.

DEFINICION DE LA ASTROLOGÍA

En primer lugar decir que el “horóscopo”, no es lo que se entiende actualmente, un horóscopo es la carta personal de un indiviuo concreto y no su signo genérico.

La astrología es tan antigua como el tiempo medido; es un lenguaje de energía, y se podría definir como el sistema de psicología más antiguo que conocemos. C. G. Jung, uno de los fundadores de la psicología moderna, dijo: «La astrología incorpora la suma de todo el conocimiento psicológico de la antigüedad». Aunque existen distintas escuelas astrológicas, todos los astrólogos están de acuerdo en que hay una conexión entre el cosmos y la Tierra, que existe una relación entre el momento del nacimiento de una persona y las posiciones del Sol, de la Luna y de los planetas en el firmamento.

Un análisis astrológico es comparable a un análisis psicológico, pero con la ventaja de emplear un método que se ha comprobado durante miles de años y que, en esencia, no ha cambiado desde sus inicios. No es un método especulativo, como la psicología moderna, que cambia con el tiempo según los cambios en la sociedad humana, sino un lenguaje cósmico que se refiere a la esencia de la naturaleza humana y que siempre permanece igual a pesar de las alteraciones que puedan experimentan las civilizaciones y culturas de nuestro planeta.

La carta astral se puede también entender como un mapa de la situación kármica del alma. La ley universal del karma dicta que cada acción tiene su reacción, y los planetas pueden considerarse como las manos de un complejo reloj cósmico que nos indica «la hora kármica». Así pues, el horóscopo es una representación simbólica de la suma de nuestras actividades pasadas que forman la base de la existencia física y psíquica actual. Un análisis de la situación astral revela los puntos fuertes y débiles en la encarnación actual y nos puede ayudar a ver donde darán frutos fácilmente nuestros esfuerzos y en qué aspectos hay que cultivar tolerancia y paciencia para superar con éxito las dificultades, las tensiones y los obstáculos.

No obstante, debemos siempre recordar que los planetas inclinan, no obligan. Es nuestra actitud, la que determina el resultado, porque: Un barco va hacia el este, otro barco hacia el oeste, ambos empujados por los mismos vientos. Pero son las velas –y no los vientos – las que determinan la dirección del viaje. Por lo tanto, nuestro carácter es nuestro destino, o sea que el conocimiento y la voluntad nos permiten gobernar los planetas gracias a ese carácter inherente.

DECLIVE Y RESURGIMIENTO DE LA ASTROLOGIA

El estrecho racionalismo imperante a partir de finales del siglo XVII, prohibe ocuparse de todo aquello que no se considera "posible" por las incompletas premisas de la ciencia apenas establecida, siendo por tal motivo por lo que, sin detenerse a ninguna clase de investigación, la Astrología es lanzada fuera del seno de la sociedad científica, hasta el extremo de que en 1666 (curioso año, cuya cifra recuerda el número de la "bestia" apocalíptica), al fundarse la Academia de Ciencias de Francia, se prohibe terminantemente a los astrónomos ocuparse de la Astrología. Entre los más encarnizados detractores de esta ciencia, figuran en principio Descartes y Lafontaine y, más adelante, a través de la "Enciclopedia", Diderot y Voltaire, que lanza sus ataques bastante a la ligera, utilizando como argumento principal, chistes y sátiras, más o menos ingeniosos pero con nulos fundamentos experimentales.

Finalmente, en el siglo XIX, la Astrología alcanza el punto de su máxima crisis, a pesar de la cual Napoleón se hace aún levantar su horóscopo. En la Europa de entonces, los astrólogos (algunos muy buenos) se hallan dispersos y trabajan aislados, ignorándose mutuamente y ocultando a menudo sus conocimientos, que son ridiculizados e incomprendidos. Entre aquellos "mártires" de la Astrología decimonónica, merecen citarse Raphael y Zadkiel, así como un famoso y audaz novelista (Bulwer y Lytton) que tiene el valor de sostener sus teorías esotéricas y astrológicas frente a la desaprobación casi unánime de importantes estratos de la ciencia "oficial".

Un poco antes de entrar en escena el siglo XX, la Astrología comienza de nuevo a despertar interés. Algunas minorías intelectuales empiezan a darse cuentas de que la condenación que sufrió esta ciencia fue injusta, contribuyendo a ello la publicación de algunas obras esotéricas, entre las que merece citarse "La Doctrina Secreta" de Blavatsky. Por otra parte, los nuevos rumbos que empieza a tomar abren la primera fisura en el estrecho racionalismo decimonónico.

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