martes, 17 de mayo de 2011

“Querida, esto no es lo que parece”


Normalmente las personas solemos explicar la verdad como aquello que creemos real, pero no somos conscientes de que lo que llamamos realidad sólo es una apreciación personal de algo que es mucho más grande. Llamamos real aquellos objetos, situaciones, emociones o personas que distinguimos con nuestros sentidos, “Si no lo veo, no lo creo”. Y nos fiamos ciegamente de esos sentidos físicos, me refiero a la vista, oido, gusto, olfato y tacto. Consideramos como cierto aquello que podemos corroborar con alguno de los sentidos, lo etiquetamos y lo aceptamos como norma. Aquello que no se puede ver, medir o pesar se descarta por ilusorio o irreal.

Sin embargo nuestros sentidos no dejan de mentirnos, o al menos de confundirnos. Por ejemplo, yo siento que cuando estoy en reposo, bien sea sentada o acostada, estoy parada, sin movimiento, pero la realidad es que siempre estamos en movimiento, pues la Tierra siempre gira, siempre. También es muy divertido lo de posición horizontal y posición vertical, porque eso dependerá de la posición que tenga el observador, si miras la tierra desde la perspectiva de la foto, los habitantes de España, por ejemplo, vivimos en posición casi vertical, con los pies en el suelo, pero ¿que pasa con los habitantes de Africa?, lo cierto es que sólo los habitantes del Polo Norte están realmente de pie. Pero tus sentidos te dicen que cuando estás de pié, estás vertical, y cuando te tumbas estás horizontal, y lo aceptas como verdad absoluta.

Otra mentirijilla de los sentidos, todos apreciamos mucho el tacto, podemos tocar y sentir las cualidades de las cosas, si frio, caliente, suave, áspero... pero según la física, los objetos nunca llegan a tocarse, los atomos que forman el objeto tienen una capa magnética que lo hace ser lo que es y no desintegrarse al menor contacto con el exterior. Por tanto la capa magnética que forma tu mano y la que forma el ratón que tienes entre manos, nunca se tocarán, aunque tu has aceptado que así es, y eso es la verdad.

Otro sentido al que le gusta mucho jugar a la confusión es la vista. Los ojos no pueden inventar cosas, no pueden visualizar algo que no exista primero en tu cerebro, por lo tanto tus ojos sólo podrán ver aquello que el cerebro dice que existe. “Creer para ver”. Cuando un inventor crea, inventa, o incluso descubre algo, primero tiene que visualizarlo en su cerebro, y no importa si hablamos de un objeto sencillo, como una botella, o un aparato sofisticado como un teléfono movil. Un cerebro, o varios, imaginaron algo, sacaron una idea de la nada, y la convirtieron en una realidad. Y por eso tu puedes ver esa botella y usar el movil. ¿Has probado a ver una de esas imágenes en 3D? La primera vez que lo intenté sólo consegí frustrarme muchísimo, porque todo el mundo podía ver la imagen menos yo. Al final pedí que me dijeran qué era la imagen que tenía que ver, y automáticamente mi cerebro supo encontrarla en aquella maraña de colores, de pronto surgío como por arte de magia y pude ver la palabra Herz. A partir de entonces podía ver cualquier objeto escondido en la maraña sin necesidad de pistas.

Caminamos por la vida rodeados de supuestas verdades que sabemos falsas y de cosas que entendidas como falsas, son reales. Las cosas son lo que son, pero también son lo que las personas perciben de ellas. Por ejemplo una persona aficcionada a la adrenalina encontrará la Montaña Rusa una experiencia excitante y muy divertida, pero otras personas encontraran el viaje una pesadilla interminable. La atracción era la misma en ambos viajes, pero las experiencias han sido muy diferentes. Por tanto para la primera persona la atracción es buena y para la segunda mala. Otro ejemplo muy gracioso son los caracoles. En esta provincia se hacen unos arroces con caracoles que te chupas los dedos, aunque no te comas el caracol, el sabor que le dan a la paella es magnífico, sin embargo para mis amigos los ingleses, un caracol es una babosa que se arrastra por el campo llena de mocos, y no se comerían ese bicho ni por todo el oro del mundo. Es como pedirle a un español que se coma un saltamontes. Sólo los más atrevidos probarán y sólo entonces podrá decidir si les gusta o no, pero no si es bueno o malo. Porque esa es la clave.

Así es como funcionamos, etiquetamos las cosas, las situaciones, las personas, las ideas, las juzgamos según nuestra experiencia, o lo que es aún peor, según lo que otros nos han dicho, y así, tenemos nuestra perfecta lista del bien y el mal. Y nos sentamos en nuestro cómodo trono y comenzamos con los juicios y con las quejas y con las culpas de todo lo que pasa en el mundo, porque siempre es alguien el que tiene la culpa de aquello que nos ocurre en la vida, a veces son los malos tiempos, la suerte, fulanito o zetanita, ahora es la crisis, siempre encontraremos un culpable para desprendernos de lo que es real, nuestro poder de decisión, nuestra libertad para elegir, que es lo que nos libera de las culpas y nos hace responsables de nuestra vida y en consecuencia de nuestro destino.

Que didferente sería el mundo si todos nos quisieramos un poco más a nosotros mismos, si no culpasemos a nadie de nuestros errores, si nadie hiciera juicios sobre lo demás, entonces recupararíamos esa libertad de elegir, porque cuando observas las cosas desde una perspectiva más alejada, los juicios pierden su valor y la realidad adquiere otra dimensión. Pero para eso hay que ser muy valiente, porque tendrás que rendir cuentas a tu propia conciencia, si realmente te comprometes con tu persona no podrás evitar escuchar la voz de ese otro yo que todos llevamos dentro y al que a penas prestamos atención.

Todos quieren tener razón, politicos, religiosos, artistas, deportistas. Todos tenemos esa visión particular de las cosas, unica e irrepetible, y lo sabemos, y aún así, seguimos lucchando por demostrar la verdad, nuestra verdad. No intentes tener razón, eso desgasta mucho, sólo dedícate a ser feliz y a recordar que nada es lo que parece.

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